miércoles, 26 de marzo de 2008

“El árbol de la libertad debe ser regado con la sangre de patriotas y tiranos, es su abono natural.” (Thomas Jeffersson)

NO HAY NADA ESCRITO
Relatoría de una desavenencia editorial

En julio del 2007 realicé un trabajo como asistente editor para una pequeña editorial llamada Bermellón, cuyo editor en jefe es (supongo que lo sigue siendo) Carlos Frank Matamoros. El proyecto consistió en la revisión y edición del Segundo Informe de Gobierno del Estado de México. Un documento de más de 800 cuartillas, 50% conformado por gráficos y tablas. La revisión llevó un mes con una semana, y puedo decir, con toda seguridad, que el pago que recibiría era por demás modesto, en relación con algún otro trabajo editorial de proporciones similares y con un horario ordinario, por supuesto. La carga del mismo nos rebasó en tiempo, por lo que este editor “contrató” a un corrector para avanzar un poco más. El editor, la jefa de redacción, una correctora y yo, con el calendario encima.
A dos semanas de haber finalizado el proyecto, Carlos Frank condicionó mis honorarios pactados, pretextando que no le parecía lógico tener que pagar de su cartera un extra más, cuando lo que habíamos convenido era que yo haría todo, sin necesidad de cotratar a alguien más. El día que me citó para finiquitarme me extendió un último cheque que no cubría el total de lo que debía pagarme, quedándome a deber (y me sigue debiendo) 4 700 pesos. Por supuesto que acepté el cheque, su actitud por demás hostil y hostigante me daba la seguridad de que si no lo tomaba simplemente no me pagaría nada. De hecho, me propuso “ganarme” el resto a cambio de un futuro trabajo de corrección, a lo que accedí por lo que acabo de mencionar, aunque yo estaba decidio a solicitar asesoría legal, lo cual hice esa misma tarde, bastante perturbado y ofendido.
De plano, en la CANIEM (Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana), donde creí encontrar apoyo, me topé con el abogado del Diablo, una criatura gangsteril que parece ser el cancerbero del departamento jurídico. Lejos de recibir consejo alguno, mi estado de ánimo empeoró: parecía estar rodeado de monstruos y seres grotescos gobernando la Tierra.
Algunos compañeros me dijeron que se trataba de una cantidad fuerte, creo que si alguien roba 50 o 10 mil pesos comete el mismo delito. Que me fuera a los periodicazos, me sugirieron. Los que trabajamos bajo el regimen de honorarios tenemos ese eterno dilema: desprotegidos ante la ley por no poder comprobar relación laboral para quien trabajamos, pero obligados a pagar impuestos.
Me contacté, un mes más tarde, con la persona a quien él llamó para acelerar la revisión del Informe de Gobierno, y me refirió que tampoco había terminado bien con el editor, además de no haber recibido pago alguno hasta ese día.
Como lo he comentado a compañeros del rubro editorial, la labor de edición fue muy gratificante y constructiva, profesionalmente hablando, no así la experiencia personal con un editor que ni siquiera puede diferenciar entre términos como ‘uniformizar’ y ‘unificar’.

gerardo escalante m.

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